Cambios Climáticos Pasados: La Pequeña Edad de Hielo.

La Pequeña Edad de Hielo, Little Ice Age, cubre el periodo comprendido entre los años 1300 y 1850, aunque el consenso en los límites temporales no es total y algunos autores apuntan que varían según las condiciones locales. Se trata de un periodo relativamente frío ocurrido tras la Anomalía Climática Medieval, en el que se han identificado al menos tres periodos de máximo enfriamiento centrados alrededor de los años 1650, 1770 y 1850. La Pequeña Edad de Hielo comprende, pues, entre el s. XIV y mediados del s. XIX, y se caracteriza por un recrudecimiento climático con variaciones de alta frecuencia y de relativa baja magnitud, que produjo cambios ambientales con repercusiones a escala global e influencia en el devenir humano. Este empeoramiento relativo del clima con carácter secular, se caracterizó de forma general por un aumento de las nevadas invernales y de las precipitaciones estivales, así como un descenso térmico que en los momentos más fríos llegó en algunas áreas a ser de 2ºC (Lamb, 1982). En todas las áreas glaciares del planeta supuso un avance y pulsación de los glaciares enmarcado entre los siglos XVI y XIX. El enfriamiento está especialmente documentado en el continente europeo y América del Norte, con claros avances de los glaciares, mientras que otras zonas del planeta parecen responder a la Pequeña Edad de Hielo con un aumento de la humedad, como se ha detectado en las regiones tropicales de África y América del Sur.

Estos periodos parecen estar asociados con mínimos en la actividad solar, coincidiendo con los momentos de menor número de manchas solares. Sin embargo, no solo la actividad solar debió influir en el desencadenamiento de la PequeñaEdaddeHielo, sino que el enfriamiento también coincide con algunas de las erupciones volcánicas más importantes de la Historia, lo que podría haber hecho disminuir considerablemente el paso de la luz solar durante varios meses (ej., erupción del volcán Tambora en Indonesia en 1815). Por otro, lado la nieve y el hielo reflejan hasta el 90% de la luz que reciben, mucho más que la tierra sin nieve. Lo cual hace que cuando comienza un proceso de enfriamiento, la acumulación de nieve e hielo que este conlleva, puede hacer que este se auto-perpetúe, al absorber la tierra aún menos luz, se enfría aún más.

La PequeñaEdaddeHielo trajo inviernos muy fríos a muchas partes del mundo, pero la documentación más completa está en Europa y AméricadelNorte. A mediados del siglo XVII, el avance de los glaciares de los Alpes suizos, afectó a pueblos enteros. El río Támesis, los canales y los ríos de los Países Bajos se helaron a menudo durante el invierno, y las personas aprovecharon para patinar. En el invierno de 1780, el puerto de Nueva York se heló, y debido a esto, la gente pudo caminar de Manhattan a la IsladeStaten. El hielo del mar que rodea Islandia se extendió varios kilómetros en todas direcciones, lo cual provocó el cierre de los puertos de la isla.

Hay también una amplia evidencia de que durante ese período los glaciares se extendieron en los Pirineos, fundiéndose desde entonces. En el Pirineo por ejemplo, se ha documentado también un significativo aumento de los glaciares de MontePerdido. Es más, los remanentes del glaciar de SierraNevada que finalmente sucumbió al final del siglo XX, se originaron en este momento, y no eran, como a veces se dice, restos de la última verdadera Edad de Hielo.

Los últimos verdaderos glaciares de Sierra Nevada y los Picos de Europa se fundieron a finales del siglo XIX. Se cree que las temperaturas en Europa durante el llamado ÓptimoClimáticoMedieval, entre los siglos IX al XIII, debió haber sido entre 1º y 1,5 ºC superior a la temperatura actual, suficiente para que estos glaciares, e incluso los de los Pirineos, se hubieran fundido. Los actuales glaciares de los Pirineos se formaron principalmente durante este periodo frío y han estado fundiéndose despacio desde entonces. El área de la superficie total de los glaciares en la vertiente española de los Pirineos ha descendido desde las 1.779 en 1894 a 290 en el año 2000.

Martin y Olcina en Clima y Tiempo señalan en España cuatro períodos de sucesos catastróficos (mitad del siglo XV, 1570-1610, 1769-1800 y 1820-1860) señalados por lluvias intensas, nevadas y tormentas en el mar. Éstos se mezclaron con los interludios de severas sequías. Según MartínezdePisón (2002) estos fenómenos concuerdan con las crónicas de nevadas intensas y aumento del frío registrado en muchas ciudades españolas entre los siglos XV y XVII, XVIII y XIX, y que como muestra LópezGómez (1998), supusieron, entre otros, fenómenos excepcionales.

A lo largo de la Pequeña Edad de Hielo el mundo experimentó también una actividad volcánica elevada. Cuando un volcán entra en erupción, sus cenizas alcanzan la parte alta de la atmósfera y se pueden extender hasta cubrir la tierra entera. Estas nubes de ceniza hacen que no llegue la radiación solar entrante, llevando a una disminución de la temperatura a nivel mundial. Pueden durar hasta dos años después de una erupción. También se emitió durante las erupciones azufre en forma de gas SO2. Cuando este gas alcanza la estratosfera se convierte en partículas de ácido sulfúrico que reflejan los rayos del sol reduciendo la cantidad de radiación que alcanza la superficie de la tierra. En 1815 la erupción de Tambora en Indonesia cubrió la atmósfera de cenizas; el año siguiente, 1816, fue conocido como el AñosinVerano, cuando hubo hielo y nieves en junio y julio en Nueva Inglaterra y el Norte de Europa.

Hay también una amplia evidencia de que durante ese período los glaciares se extendieron en los Pirineos, fundiéndose desde entonces. Es más, los remanentes del glaciar de Sierra Nevada que finalmente sucumbió al final del siglo XX, se originaron en este momento, y no eran, como a veces se dice, restos de la última verdadera Edad de Hielo. Los últimos verdaderos glaciares de Sierra Nevada y los Picos de Europa se fundieron a finales del siglo XIX. Se cree que las temperaturas en Europa durante el llamado ÓptimoClimáticoMedieval entre los siglos IX al XIII debió haber sido entre 1º y 1.5 ºC superior a la temperatura actual, suficiente para que estos glaciares, e incluso los de los Pirineos, se hubieran fundido. Los actuales glaciares de los Pirineos se formaron principalmente durante este periodo frío y han estado fundiéndose despacio desde entonces.

Alrededor de 1850, el clima del mundo empezó a calentarse de nuevo y puede decirse que la Pequeña Edad de Hielo se acabó en ese momento. Algunos científicos creen que el clima de la Tierra todavía se está recuperando de la Pequeña Edad de Hielo y que esta situación se suma a las preocupaciones por el cambio del clima causado por el hombre.

Bibliografía y recursos web:

Imágenes:
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