Amazonas: mito o realidad.

“Una vez nos contaron que al oeste de Libia, en las fronteras del mundo, habitaba una raza gobernada por mujeres, que se regía por una estilo de vida muy distinto al nuestro. Pues era costumbre entre ellas practicar el arte de la guerra, y habían de servir en el ejército durante un tiempo, durante el que mantenían su virginidad. Pasados esos años de milicia, iban en busca de hombres para procrear. Seguían teniendo el poder administrativo y magistrativo sobre todos los asuntos de Estado. Sin embargo, los hombres, al igual que las mujeres casadas de nuestra cultura, pasaban sus días en el hogar, realizando las tareas que sus esposas les ordenaban; no tomaban parte en campaña militar alguna, ni podían ejercer la ciudadanía en los asuntos de la comunidad, por la presunción de que podrían rebelarse contra de las mujeres. Cuando los niños nacían, su crianza era encomendada a los varones, quienes los alimentaban con leche y víveres adecuados a la edad de los infantes”

El mito de las Amazonas

Las amazonas eran un pueblo formado solo mujeres, descendientes de Ares, dios de la guerra, y de la ninfa Harmonía. Se las ubicaba en el Norte, en la llanuras del Cáucaso, también, incluso en aquéllas a la orilla izquierda del Danubio. En su gobierno no intervenía ningún hombre, y como jefe tenían una reina. La presencia de los hombres era permitida siempre que desempeñaran trabajos de servidumbre. Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, pero sólo conservaban a las niñas. El destino de los que  nacían varones, era incierto, según unas versiones, los mutilaban, dejándolos ciegos y cojos. Otras fuentes indican que los mataban. Era ley que a todas las niñas les cortaran un seno, para facilitarles el uso del arco y el manejo de la lanza. De esta costumbre proviene su nombre ‘amazonas’, del griego ‘amazwn’, que significa ‘las que no tienen seno’. Eran un pueblo de carácter eminentemente guerrero, cualidad que se reflejaba en los cultos religiosos, cuya deidad principal era Artemisa, la Cazadora. Se les atribuyó la fundación de Éfeso y la construcción del Gran Templo de Artemisa.

Muchas son las leyendas en las que se las enfrenta con grandes héroes. Belerofonte luchó contra ellas por mandato de Yóbates. Una de las más conocidas es la que relata como Heracles (Hércules) acepta la misión que le asigna Euristeo, y se dirige a las márgenes del Termodonte para adueñarse del cinturón de Hipólita, reina de las amazonas. Ésta consiente en entregarle el cinturón a Heracles, pero la celosa Hera, esposa del dios Zeus, provoca una rebelión entre las amazonas, y Heracles ha de matar a Hipólita. Teseo, que acompaña a Heracles en su misión, secuestra a Antíope, una de las amazonas. Molestas por este atrevimiento, y para vengar el rapto de su compañera, declaran la guerra a Atenas, pero son derrotadas por los atenienses, liderados por Teseo.

Otra hazaña legendaria que las involucra, es la ayuda que brindaron a los troyanos durante la guerra de Troya. Pentesilea, reina amazona, envió un grupo de apoyo a Príamo, rey troyano. Aquiles dio muerte a Pentesilea, que antes de morir, hizo que éste se enamorara perdidamente de ella, infundiéndole gran sufrimiento.

¿Mito o realidad?

Los griegos antiguos llamaron amazonas a un grupo de mujeres guerreras con las que se encontraron al expandir su influencia a Asia Menor, a la actual Turquía. Hasta la fecha, ninguna investigación arqueológica ha sido capaz de asegurar sin dudas la existencia de las amazonas. Este pueblo nómada, como es obvio, no dejó tras de sí asentamientos o edificaciones permanentes que puedan ser rescatadas por la pala de un arqueólogo. Solo la mención recurrente en las obras de los historiadores antiguos proporciona una base a la hipótesis de que estas guerreras existieran en realidad. Para nuestro pesar,  han desaparecido muchos de los testimonios originales. Sólo encontramos citas breves de los historiadores cuyos escritos si nos han llegado. Hay también dibujos antiguos en las magníficas vasijas griegas conservadas. Una y otra vez, encontramos mujeres con armaduras, mujeres guerreras que combaten contra hombres. Solamente encontramos una investigación arqueológica de peso que demuestre la existencia de sociedades matriarcales en este época y en esta parte del mundo:

La arqueóloga californiana Dra. Jeaninne Davis–Kimball inspeccionó cincuenta túmulos, entre 1994 y 1995, en la frontera kazajistaní, cerca de la ciudad de Pokrovka, al sur de Rusia. Contenían esqueletos de mujeres, enterradas con sus armas, lo que sugiere que el relato de los griegos antiguos puede tener una base real. Unos nómadas conocidos como saurómatas, solían enterrar a sus muertos en este enclave alrededor del año 600 a. C. Después, sobre el 400 a. C., los sármatas, otra tribu nómada, quizá relacionada con los saurómatas, usaron las zonas de enterramiento de Pokrovka. Por lo general, las mujeres solían ser enterradas con artefactos más variados y numerosos que los hombres. Siete tumbas de mujeres contenían espadas y dagas de hierro, puntas de flecha de bronce, y piedras para afilar las armas. Otras mujeres estaban enterradas con elementos sagrados o familiares que parecían corresponder a su ocupación en vida. Algunos estudiosos han defendido que las armas encontradas en las tumbas de mujeres respondían a una motivación puramente ritual, pero los huesos cuentan una historia diferente. Las piernas arqueadas de una niña de trece o catorce años, denotan que en vida montó a caballo; una punta de flecha doblada que se encontró en el cuerpo de otra mujer sugiere que habría muerto en batalla. Hay que aclarar una cosa: las mujeres de Pokrovka no pudieron ser las amazonas del mito griego, pero fueron una de las muchas tribus nómadas que ocuparon las estepas euroasiáticas a principios de la Edad de Hierro. Los hallazgos dan a las fuentes históricas una consistencia mucho mayor: ¡había mujeres guerreras en esta parte del mundo! Y Heródoto nos cuenta cómo aparecieron al norte del Mar Negro.

Heródoto y las Amazonas

Se dice de los saurómatas que, cuando los griegos lucharon contra las amazonas – a las que los escitas llamaban «oior-patha» o «matadoras de hombres», que se traduce así porque «oior» es el vocablo escita para «hombre», y «patha» el usado para «matar» -, tras la victoria en Termodonte,  éstos se hicieron a la mar y se llevaron en tres barcos a todas las amazonas que habían apresado, y que dichas mujeres se levantaron contra la tripulación durante la travesía y que mataron hasta el último hombre. Sin embargo, como no conocían los barcos, no sabían como usar el timón, las velas ni los remos. De este modo, tras eliminar a los marineros, navegaron a la deriva, sin destino fijo, a merced del viento y de las olas. Finalmente, arrivarían a la costa de Palus Maeotis, el Mar de Azov en la actualidad, en la zona del Mar Negro, y llegaron a un lugar llamado Cremni, «Los Riscos», que se encontraba en el país de los escitas libres. Allí desembarcaron y se dirigieron hacia las zonas habitadas; se hicieron con la primera manada de caballos que encontraron y, a lomos de sus monturas, se lanzaron al pillaje en tierras escitas. Los escitas eran incapaces de comprender quién los asaltaba, su vestimenta, su lengua, su estrategia de ataque, todo les era completamente desconocido; lo más enigmático, la procedencia del enemigo.

Resultado de imagen de las amazonas

Tomándolos por varones jóvenes de su misma edad, se enfrentaron a “ellos” en batalla. Cayeron en sus manos algunos cuerpos muertos en la lucha y de ese modo descubrieron la verdad. Así que deliberaron y decidieron no matar a ninguna más, sino mandar un grupo de hombres jóvenes, igual en número, para que indagasen al respecto. Se les ordenó que acamparan en las proximidades y que, vieran lo que vieran, que actuaran de igual modo. Si las amazonas se dirigían contra ellos, habrían de retirarse y evitar así el combate. Si permanecían tranquilas, los jóvenes habrían de acercarse y acampar tan cerca como fuera posible. Todo ello lo hicieron con el firme deseo de tener descendencia de tan extraordinaria estirpe. Así, los jóvenes salieron y siguieron las instrucciones recibidas. Las amazonas descubrieron en seguida que, para beneficio suyo, se habían ido acercado más y más, y finalmente abandonaron las hostilidades hacia los escitas, coexistiendo pacíficamente. Ambos bandos llevaban la misma vida; como no tenían otra cosa que sus armas y sus caballos, habían de sustentarse cazando y recogiendo comida. Quiso la fortuna que dos de ellos se encontraran: el joven alcanzó con facilidad los placeres de ella, que por señas – ya que no se entendían de otra manera – le indicó que al día siguiente trajera a un compañero al mismo sitio donde se habían encontrado, prometiéndole que ella llevaría a otra mujer. Así lo hizo, y la mujer cumplió su promesa. Cuando los demás jóvenes se enteraron de lo que había sucedido, buscaron y encontraron los favores de las amazonas. En consecuencia, las dos comunidades se unieron, los escitas vivieron con las amazonas como esposas, pero fueron incapaces de aprender su lengua. Sin embargo, las mujeres si dominaron pronto la lengua de sus maridos. Cuando pudieron comunicarse, los escitas se dirigieron a las mujeres en los siguientes términos: «Tenemos parientes y posesiones. Dejemos este tipo de vida. Volvamos con nuestro pueblo y vivamos con ellos. Seréis nuestras mujeres como aquí y os prometemos que no tendremos otras». Pero las amazonas respondieron: «No podríamos vivir con vuestras mujeres, nuestras costumbres son muy diferentes a las suyas. Tirar de los bueyes, lanzar jabalinas, montar a caballo, ésas son nuestras ocupaciones. No sabemos nada de deberes femeninos. Vuestras mujeres, sin embargo, no hacen nada parecido, permanecen en el hogar, se dedican a sus tareas, y no salen a cazar ni a cosas parecidas. Nunca podremos estar en paz con ellas. Pero si de veras queréis tenernos por esposas y portaros con nosotras con total honradez, entonces, id con vuestros mayores, pedidles vuestra herencia y volved rápido con nosotras y viviremos aquí todos juntos». Los jóvenes consideraron de su gusto este consejo y así hicieron. Fueron y recibieron lo que era suyo, volvieron y se reunieron con sus mujeres, que, entonces, les dirigieron estas palabras: «Sentimos vergüenza y miedo de seguir viviendo en este país. No sólo les hemos robado a vuestros padres, sino que también os hemos infligido graves daños con nuestros ataques. En vista de que estáis decididos a tenernos por esposas, concedednos nuestro deseo: dejemos este país y asentémonos más allá del Tanais». De nuevo los jóvenes consintieron. Cruzaron el Tanais y recorrieron una distancia de tres días al Este de dicho río y otros tres días hacia el Norte del Palus Maeotis. Allí encontraron el país en que se asentaron definitivamente, y el que sus descendientes vivirían desde entonces. Las mujeres de los saurómatas habrían mantenido sus costumbres, a menudo saliendo de caza a caballo junto con sus maridos, muchas veces, incluso, sin compañía; luchando en la guerra y vistiendo igual que los hombres. Los saurómatas hablarían la lengua de los escitas, pero no demasiado bien, ya que las amazonas no la habrían aprendido del todo. Su ley del matrimonio determinaba que una mujer no se podía casar antes de haber matado a un hombre en combate. En consecuencia, solía suceder que muriera sin casarse por no haber sido capaz de cumplir con esa condición.

Homero

La primera referencia escrita sobre las amazonas aparece en “La Ilíada”, de Homero, escrita en el siglo IX antes de Cristo. En uno de sus pasajes, Homero escribe “La llamaron Batiea, pero los inmortales la llamaron la tumba de la ágil Mirina“. Aunque no dice explícitamente que hubiera sido una amazona, las múltiples referencias de autores posteriores así lo constatan.

En otro pasaje,  el rey Príamo compara la guerra con otras anteriores en las que había tomado parte de joven; en una de esas batallas, los troyanos,  aliados con los frigios en el río Sangario, habrían combatido a las amazonas, que luchaban en el bando enemigo, cuando, curiosamente, autores posteriores mencionan a las amazonas como aliadas de Troya.

En otro pasaje, el héroe Belerofonte cuenta su propia historia, y menciona como venció a un ejército de amazonas guerreras. Aparte de estas citas, no existen más menciones a las amazonas en la obra, es decir, que Homero no sitúa a las amazonas en la guerra de Troya, si bien dos de sus protagonistas combatieron con ellas en otro tiempo. En realidad, todas las alusiones que se han hecho a las amazonas y a la guerra de Troya se refieren a un final apócrifo, añadido posteriormente por un autor desconocido, Artino, posiblemente, un discípulo de Homero. En este texto apócrifo se menciona como una amazona de nombre Penthesilea participó en el combate defendiendo Troya frente a los griegos. El héroe Aquiles mata a Penthesilea, lamentándose luego junto a su cuerpo, enamorándose al verla tan joven y hermosa.

Desde la Antigüedad

En las citas antiguas se habla incluso de “islas” separadas para ambos sexos, de acuerdo con ésto, la leyenda de las amazonas habría nacido de una especie de autolimitación biológica en tiempos históricos. La semejanza con la actual problemática del control de natalidad es evidente.

Las amazonas han sido interpretadas desde nuestros tiempos como el mayor símbolo de la mujer en libertad, formando una comunidad. Diestras en el arte de la guerra y habilidosas con las armas, hasta el punto, al parecer, de hacerse amputar un pecho para disparar mejor el arco, imponían respeto a los contrincantes varones con los que se cruzaban, ya que en aquella época, al igual que hoy en día, poseer armas y saber utilizarlas era sinónimo de detentar el poder.

Revisión del actual sistema social

El interés sociológico que puedan despertar estas comunidades tan particulares en la actualidad es precisamente la ruptura del concepto de la figura masculina como eterno patriarca. En esa época tan antigua, y que consideraríamos arcaica, acabaron con los estereotipos de hombre como cabeza en la estructura social, y de la mujer como mera acompañante, tan combatidos por los movimientos feministas de los años sesenta. En la sociedad de las amazonas, los papeles se invertían hasta el punto de llegar a prescindir, casi por completo, del género masculino, dando paso a un género femenino casi autosuficiente, excepto por la necesidad vital de la procreación para su propia supervivencia. Y es que,  por más que nos empeñemos, nuestra especie no puede sobrevivir ni evolucionar sin la ayuda de la otra parte.

Bibliografía:

http://www.dominiopublico.es/libros/H/Herodoto/Herodoto%20-%20Los%20Nueve%20Libros%20de%20la%20Historia%20-%20Tomo%20IV.pdf

http://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/grecia47/

https://es.wikipedia.org/wiki/Amazona_(mitolog%C3%ADa)

http://www.sarasuati.com/amazonas-mito-y-leyenda/

Imágenes:

www.valparaiso.site90.net

leiadomina.blogspot.com

artlemon.ru

www.todocoleccion.net

travelfreak.ru

ellibrodelinfinito.blogspot.com

www.pinturayartistas.com

navegantecalifornio.wordpress.com

www.alconet.com.ar

Anuncios

2 comentarios sobre “Amazonas: mito o realidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s