La Primera Edad de Oro de Justiniano.

Tras la caída del Imperio Romano occidental en el año 476, Oriente y su capital Constantinopla pasaron a ostentar la dignidad imperial romana. La fortaleza de su economía y de su ejército no sólo evitaron que cayera en manos bárbaras sino que en el siglo VI facilitó la Renovatio Imperii, es decir, la conquista de antiguos territorios del Imperio Romano de Occidente, entonces en manos bárbaras. El emperador Justiniano se reveló como una figura clave ya que durante su reinado Bizancio alcanzó su máxima expansión territorial. Su título seguirá siendo el de Emperador de los Romanos. El final de este período se vio marcado por la Crisis Iconoclasta iniciada en el 726 hasta el 843 excepto un pequeño hiato iconódulo del 787 hasta el 814. Se decretó la prohibición de representación de cualquier figura sagrada y se llevó a cabo la destrucción de las imágenes religiosas.

Detalle del mosaico de Justiniano y su séquito. San Vital de Rávena.

 

En este post me voy a centrar en la arquitectura, dentro y fuera de Constantinopla. Tras la revuelta de Nika en el año 532 y el incendio que destruyó gran parte de Constantinopla, la nueva ciudad que reorganiza Justiniano no renuncia a la tradición arquitectónica romana. El arco de medio punto y la utilización del sistema abovedado a gran escala fueron las pautas arquitectónicas que enlazaron la edificación bizantina con su antecesora, la arquitectura romana. En época de Justiniano se creó un nuevo modelo de templo bizantino a partir de la unión o fusión de dos tipos definidos dos siglos antes: la planta centralizada y la planta basilical.

Ejemplo de planta centralizada. Iglesia de San Vital.
Ejemplo planta basilical. Basílica de San Pedro en Roma.

 

 

 

Los primeros ensayos se produjeron también en Oriente, en los santuarios paleocristianos de Tierra Santa. Bizancio continúa con esta tradición y logró espacios producidos por la intersección de ambos sistemas, como la cruz griega inscrita en un cuadrado o en un rectángulo. Otro aspecto a destacar de la arquitectura bizantina de esta Edad de Oro es la forma de cubrir el espacio. Para ello se emplearon cúpulas de media naranja que se sustentan sobre otras más pequeñas y más bajas que descargan su peso. Además, se creó un nuevo elemento: las pechinas. Se trataba de triángulos esféricos los cuales hacían posible la transición de un espacio cuadrado a uno circular y facilitan la elevación de la cúpula.

Ejemplo cúpula con pechina. Santa Sofía de Constantinopla.

 

En cuanto a los soportes, se utilizaron la columna o el pilar. Los capiteles de orden corintio redujeron su tamaño en las hojas de acanto. Estos capiteles se labraron con una técnica al trépano y su decoración parece un nido de avispa. También se incorporó otro elemento nuevo: el cimacio. Es una pieza en forma de pirámide truncada que eleva la columna, adquirió gran desarrollo en tamaño y en decoración.

Cimacio con animales labrados y una cruz entre ellos.

 

Ahora pasamos al ejemplo más representativo yo creo, de esta Primera Edad de Oro justinianea: Santa Sofía de Constantinopla.

La Santa Sofía de Justiniano se remonta al año 532 cuando el pueblo inicia una revuelta llamada Niká, con graves disturbios e incendios los cuales afectaron a la iglesia que ya había construida. Como resultado de esta revuelta, la antigua Santa Sofía de Teodosio II se destruyó; fue entonces cuando Justiniano ordenó su completa reconstrucción haciéndolo más grande y el más audaz del momento. Fue un proyecto elaborado por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto y en sólo cinco años se realizó su construcción completa. Es célebre el pasaje que cuenta como Justiniano al verla dijo “Salomón, te he vencido” en clara referencia al Templo de Salomón.

Interior de Santa Sofía.

 

 

Exterior de Santa Sofía.

 

La magnífica e imponente obra data del siglo VI y sus materiales de construcción fueron el ladrillo y el cemente. Es un edificio algo rectangular, dividido en tres naves longitudinales, un espacio muy centralizado por una gran cúpula en el centro; una cúpula gallonada compuesta de 40 nervios y 40 plementos. En su parte inferior se abren ventanas lo cual le da una sensación de ligereza a la estructura. Los empujes de la cúpula son sustentados por cuatro grandes pilares con arcos de medio punto, además se emplearon pechinas en los cuatro ángulos como elementos de transición. En altura inferior, a este y oeste, hay dos semicúpulas y a los costados de ellas en un nivel inferior se abren dos semicúpulas más en cada una de ellas. Las naves laterales tienen tribunas y en el extremo occidental hay un doble nártex, un esonártex y un exonártex.

Justiniano no reparó en gastos para su decoración, dotándola con los mejores mármoles del momento traídos de todas las partes del Imperio. También se decoró con mosaicos. A las pocas décadas un terremoto derrumbó la gran cúpula la cual fue reconstruida en el año 562 pero su perfil quedó algo apuntad. Aún así el edificio siguió siendo el más emblemático de la cristiandad en toda la Edad Media.

La influencia de Santa Sofía se dejó sentir en otros edificios, aunque por supuesto, ninguno alcanzó ni su escala ni su esquema de planta. Como ejemplo de lo dicho tenemos la iglesia de los santos Sergio y Baco. Esta iglesia comparte parte de su concepción espacial; pero es más pequeña y sigue el esquema de planta centralizada. Fue concebida como capilla palatina y su planta se basa en un cuadrado irregular en el que se inscribe un cuerpo central cupulado soportado por ocho gruesos pilares y alterna tramos semicirculares y tramos rectos.

Exterior iglesia Santos Sergio y Baco. Fotografía extraída de Flickr.com

 

Posee deambulatorio de doble piso, un nártex rectangular a occidente y a oriente un ábside semicircular en el interior y poligonal en su exterior. Su cúpula es gallonada y alterna los paños abiertos con ventanas y los macizos. Más tarde, se convirtió en mezquita, al igual que ocurrió con Santa Sofía, tras la conquista otomana.

Interior de la iglesia. Imagen extraída de viajeros.mirayvuela.com

 

A continuación tenemos dos basílicas a destacar, la primera es la basílica de Santa Irene. Este edificio tiene una planta basilical de tres naves separadas por columnas bajo arcos peraltados y con tribunas. Los tramos de las naves laterales se cubren con bóvedas de arista de ladrillo y el ábside es semicircular en el interior y poligonal en su exterior. El último tramo de la nave central se cubre con una cúpula y a los pies del edificio hay un nártex. En el siglo VIII hubo un seísmo y se tuvo que reconstruir la cúpula. Se reformó también la decoración del templo y se conserva actualmente el mosaico del ábside el cual tiene una gran cruz sobre gradas.

Basílica de Santa Irene, exterior. Imagen de sdelbiombo.blogia.com

 

La última basílica es la de los Santos Apóstoles. Se trata de un edificio de planta de cruz griega con cinco cúpulas, un nártex y un atrio en el sector occidental. De época de Constantino se respetó su mausoleo circular, anexo a ella, además de construyó otro, el de Justiniano, de planta cruciforme. Fue demolida tras la conquista otomana y se construyó la mezquita de Faith.

Planta de la basílica.

 

En cuanto a la arquitectura bizantina fuera de Constantinopla, tenemos en Éfeso y en Rávena los mejores ejemplos.

San Vital de Rávena se empezó a construir en el año 526,  época del obispo Ecclesio, en el siglo VI concluyéndose bajo el arzobispo Maximiano. Esta iglesia se parece en algo a la de Sergio y Baco ya citada antes, pero su planta es más regular, con un doble cuerpo octogonal, cupulado en el centro y con bóvedas de arista en los dos niveles del deambulatorio. Dentro del edificio el espacio central se separa del deambulatorio con tramos semicirculares. Como material de construcción se utilizó el ladrillo y el cemento; en las bóvedas y la cúpula se emplearon recipientes cerámicos en hiladas concéntricas para aligerar su peso. La decoración original estaba compuesta por mosaicos.

Exterior de San Vital. Imagen de temporamagazine.com

 

Interior.

 

San Juan de Éfeso presenta una planta de cruz latina. Hoy se halla en estado ruinoso pero aún se observa el uso combinado del ladrillo y la piedra. Las naves laterales y los espacios perimetrales del transmito tenían tribunas. En el centro de la cruz estaba el altar principal del que aún se conserva el pavimento sobre elevado y parte de la columnata que lo rodeaba. Junto a la basílica se construyó un baptisterio octogonal con piscina central cuya cúpula no se ha conservado.

Restos de San Juan de Éfeso. excursionesefeso.com

 

San Apolinar en Classe o del Puerto fue consagrada por Maximiano en el año 549, conserva parte de su decoración de mosaicos en el ábside y en el arco del triunfo. Es un modelo de basílica paleocristiana.

Interior de San Apolinar en Classe. gabinetedelasartes.blogspot.com

San Apolinar el Nuevo, fue construida en ladrillo con planta basilical y dividida en tres naves con un nártex y una cubierta de madera. La decoración interior es muy rica y aunque se ha perdido la del ábside, el resto de mosaicos que cubren sus muros están en buen estado.

 

San Apolinar el Nuevo, detalle de los mosaicos. gastronomoyviajero.com

 

Exterior San Apolinar el Nuevo.

 

Nota: Este post está realizado a partir de apuntes propios de la asignatura Historia del arte de la alta y plena Edad Media.

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