César y la Guerra de las Galias.

Este post es un trabajo sobre un fragmento que expongo a continuación, de la Guerra de las Galias, escrita por Cayo Julio César.

Fuente: nationalgeographic.com.es

 

Introducción.
En este trabajo se ha elegido el texto de la Guerra de las Galias cuyo autor es Julio César. En él se van a analizar todos los detalles más significativos pero no sólo eso, se va a proceder a contextualizar tanto al autor como el pasaje que nos narra. Por tanto, lo primero que vamos a realizar es un estudio sobre César para posteriormente, centrarnos en el texto propiamente dicho.

El texto.

César y la Guerra de las Galias.   
“Todo el pueblo galo es muy dado a las observancias religiosas, por lo que quienes están afectados de graves enfermedades, y los que se entregan a los combates y a los peligros, o bien inmolan víctimas humanas o hacen voto de inmolarlas – y se sirven de los druidas como ministros de estos sacrificios-, porque creen que, si no se rescata la vida de un hombre con la vida de otro hombre, no se pueden aplacar a los dioses inmortales, por lo que han instituido oficialmente sacrificios de este tipo. Algunos pueblos tienen unas figuras de dimensiones colosales, hechas de mimbres entretejidos que llenan de hombres vivos; les prenden fuego, y los hombres mueren devorados por las llamas. El suplicio de aquellos que han sido cogidos en hurto, en latrocinio o en cualquier maldad, piensan que son más agradables a los dioses; pero cuando faltan los de esta clase, incluso pueden llegar al sacrificio de los inocentes.  De los dioses, al que más veneran es a Mercurio; tienen muchas estatuas de éste; lo consideran el inventor de todas las artes, el guía en todos los caminos y viajes, y creen que es el más valedero para ganar dinero y dedicarse al comercio. Tras él veneran a Apolo, Marte, Júpiter y Minerva. Tienen de estos dioses una idea casi igual que las otras naciones: Apolo cura las enfermedades, Minerva enseña los rudimentos de los trabajos y de los oficios, Júpiter domina con mano firme los dioses, Marte rige las guerras. Cuando han decidido entablar batalla, generalmente hacen voto del botín de guerra a este dios; cuando han vencido, le ofrecen en sacrificio los seres vivientes capturados, y reúnen en un solo lugar todo lo que queda. En muchas ciudades se puede ver pilas de despojos levantadas así en parajes sagrados; no sucede casi nunca que nadie, con menosprecio de la ley religiosa, ose esconder en su casa el botín hecho por él, ni tocar las ofrendas; para tal delito han establecido un castigo espantoso en medio de tormentos. Todos los galos pretenden ser descendientes de Dite, y afirman que esta creencia les ha sido transmitida por los druidas. Por ello miden la duración del tiempo no según el número de los días, sino según el de las noches; los cumpleaños, así como el comercio de los meses y los años los cuentan como si la noche fuera primero que el día. En los demás usos y costumbres quizás sólo ofrecen esta sola diferencia con todo el mundo: que a sus hijos, mientras que no son lo suficientemente grandes para poder llevar las armas, los prohíben que se les acerquen en público, y consideran vergonzoso que un hijo de tierna edad esté en público en presencia de su padre.  Los hombres ponen en común, junto con el dinero que como dote han recibido de sus esposas, una cantidad equivalente de sus bienes, después de haber hecho la evaluación. De estos caudales llevan las cuentas ambos, y los intereses son puestos en reserva; quien de ellos sobrevive, se queda con las partes de uno y otro y con los intereses acumulados. Los maridos tienen derecho de vida y muerte tanto sobre sus mujeres como sobre sus hijos; y cuando muere un cabeza de familia de alta nobleza, los parientes se reúnen, y, si la muerte resulta sospechosa, interrogan las esposas, tal como harían con unas esclavas; si la sospecha se confirma, las matan quemándolas vivas y haciéndoles sufrir todo tipo de tormentos. Los funerales de los galos son, a nivel de su civilización, magníficos y suntuosos; todo lo que creen de preferencia de los difuntos mientras vivían, lo echan al fuego, incluso los animales, y no hace mucho todavía, que, tras los ritos fúnebres debidos, se quemaba con el muerto los esclavos y los clientes tenidos como a sus predilectos. Las ciudades consideradas con mejor organización tienen como ley inviolable que, si alguien ha recibido de cualquier país vecino algún rumor o noticia referente al Estado, debe hacerlo conocer al magistrado, sin comentarlo con nadie más, porque se sabe por experiencia que a menudo, hombres que son impulsivos e ignorantes alarman por falsos rumores, se lanzan a cometer disparates, y toman resoluciones en asuntos de la mayor importancia. Los magistrados ocultan lo que mejor les parece, y lo que creen conveniente lo revelan al pueblo. No se permite hablar de los asuntos públicos, si no es dentro de la asamblea. ”  
C. Julio César. Guerra de las Galias, VI, 16-20. Bellum Gallicum 

Fuente: tallon4.com

 

El autor y su contexto.
Primeramente, tal y como he indicado antes, vamos a centrarnos en el autor antes de analizar el texto. ¿Quién fue el autor? Todos conocemos al gran Cayo Julio César, ese
personaje que ha sido objeto de películas, series, historias, leyendas etc. César nació en el año 100 a.C dentro de una empobrecida y antigua familia patricia. Los Julios se decían que eran descendientes de Eneas. Al carecer de fortuna familiar emprendió la carrera política más tarde de lo usual en un patricio. El tío de Julio César fue Mario (casado con su tía Julia, hermana de su padre) uno de los mayores generales de la historia que luchó contra Sila en la primera guerra Civil, Cayo creció por lo tanto con las historias de su tío  viviéndolas en primera persona. Con todo su carrera fue rápida; con 35 años fue nombrado edil, dos años después pontífice máximo, pretor en el 62 a.C y propretor en Hispania al año siguiente. Desde tierras hispanas volvería a Roma para formar el primer triunvirato junto a Pompeyo y Craso en el año 60 a.C (Bajo Álvarez, 2009). César vio rápido la decadencia de la República y el progresivo desmoronamiento de sus instituciones llevando de manera irremediable, al auge del poder personal, un poder que tenía un origen de antecedente en la dictadura de Sila y que tuvo como apoyo el ejército y algunas capas de la sociedad. Gracias a la protección que le brindó sobre todo Craso fue creciendo cada vez más.

En el año 58 a.C César viajó a la Galia para tomar el mando como procónsul, gobernador enviado por el Senado de Roma. La Galia era un territorio hostil para los romanos por sus temidos galos los cuales eran fieros guerreros. Para los romanos la Galia se dividía en Cisalpina, Narbonense y Transalpina, de las tres era la Narbonense la más romanizada y allí habitaban romanos y celtas. El objetivo inicial que se marca desde el Senado es la contención de los helvecios que habían iniciado una migración masiva y poner freno a las tropas germanas de Ariovisto los cuales atravesaron el  Rhin para intervenir en la Galia.  Los galos se dividían en tribus cuyos nombres eran los éduos, los belovacos, los carpetanos, los turdetanos, los carducos, los arvernos, los senones, los cardutos, los nervios etc. Estas tribus o clanes a menudo estaban en guerra entre sí y fue precisamente uno de estos conflictos, desarrollado entre los eduos y los secuanios lo que llevó a que una de ellas, los eduos, solicitara la ayuda de los germanos. De esta manera se envió una delegación con la petición a lo que los germanos contestaron enviando quince mil guerreros que atravesaron el Rhin y ayudaron, pero cuando acabó el conflicto los germanos no se marcharon y ocuparon una parte de la Galia (Gil Sánchez, 2004).

Los galos entonces decidieron dejar a un lado sus diferencias para unirse contra los germanos pero fueron vencidos y no tuvieron más remedio que pedir ayuda a su última opción: Roma. Este suceso le vino perfecto a César para empezar a ocupar la Galia, pero además, se sucedió otro hecho, los helvecios abandonaron sus tierras por la presión germana en la actual Suiza y marcharon a la Galia Narbonense para asentarse, de esta manera César no tuvo uno sino dos motivos para empezar sus campañas que en este trabajo no se van a desarrollar. Más tarde serán los germanos al mando de Ariovisto,   quienes cruzan el Rin, sometieron a los secuanos y a los eduos, y amenazaron la provincia romana. Una vez más fracasan las negociaciones y César les hace frente con las armas. En el año 57 a.C hubo otro enfrentamiento, esta vez contra los belgas; de ellos contó César en una misiva al Senado “De todos los pueblos de la Galia, los belgas son los más inteligentes”. Un año después tuvo que luchar contra el pueblo de los Vénetos a los que venció a pesar de ser la tribu más aguerrida. En el año 55 pueblos germanos entraron al norte de la Galia y de nuevo César les vence. En definitiva, la Guerra de las Galias acabó con la Batalla de Alesia en el año 52 a.C. Según Plutarco se conquistaron 800 ciudades, se sometieron 300 tribus, un millón de prisioneros y tres millones de muertos en las batallas. Probablemente Plutarco exageró en los datos aportados aunque no hay que olvidar que sí que tuvieron que ser cifras altas en todos los sentidos mencionados. Aunque la imagen que se nos ha querido transmitir de dicho enfrentamiento sea la de una acción defensiva la mayor parte de los historiadores antiguos están convencidos que el objetivo claro fue desde el principio, un ascenso y aumento en la carrera política de César hacia el poder. Es claro que escribir esta obra tuvo una intencionalidad precisa de propaganda y supremacía, pero aún así y a pesar de las tergiversaciones y trampas que veremos más adelante, los Comentarios a la Guerra de las Galias es considerada una obra literaria con valor como fuente histórica sobre este conflicto.

Fuente: es.althistory.wikia.com

 

¿Cuándo se redactó la obra?
La Guerra de las Galias fue redactada tras las conquistas galas, en el año 52 ó 51 a.C para justificar su política y dar cuenta de sus empresas, ya que hubo personajes en Roma que decían de él que su único objetivo fue coger fama y gloria. Se trata de siete libros que fue redactando en un estilo sobrio y frío como si no le importase lo que había sucedido, además, lo redactó en tercera persona. Los hechos empiezan con los helvecios hasta la derrota de la coalición de los líderes galos en Alesia pasando por las batallas contra los germanos y la incursión romana en las Islas Britanas.

almacendeclasicas.blogspot.com

 

Análisis del texto.
Una vez que hemos hablado del autor y el contexto de la obra, vamos a empezar a proceder al análisis del texto.
En el primer párrafo y en el segundo el autor nos habla de la religión de los galos y se centra primeramente en los supuestos sacrificios que hacían a los dioses para dar “una vida por otra” teniendo unas grandes figuras de mimbre donde introducían a los hombres vivos y luego les pegaban fuego. A continuación sigue con el tema de los dioses y cita a los que según él, son los más relevantes para los galos, destacando en primer lugar a Mercurio para luego proseguir con Apolo, Marte, Júpiter y Minerva. En el siguiente párrafo nos habla de la relación entre los galos y Dite, de quien se creen descendientes. Y nos dice Constantino Cabal en su libro “Los dioses de la muerte. La mitología asturiana”, refiriéndose a los galos de César en su obra: (…) y Dite se traduce por Plutón y en realidad es Plutón; pero si era Mercurio el más honrado de los dioses de este pueblo (…) y si este Dite, padre de los galos lo era por dios de la muerte o equivalía a Mercurio en este caso o se confundía con él (…). Por esta asociación/asimilación de Dite a Plutón dios de la muerte y del Inframundo romano, Hades en griego, los galos medían el tiempo según las noches, no los días, por la oscuridad de Plutón. Hasta el momento estamos viendo claramente que los dioses venerados por los galos son dioses romanos, con los mismos nombres a excepción del citado Dite; por tanto pienso que se podría pensar en una asimilación lenta pero consistente de estos pueblos, de los “otros”, a una incipiente romanización, de hecho ya comentamos antes que la Narbonense estaba habitada por romanos que convivían con celtas. Siguiendo con el texto vemos que seguidamente empieza a hablarnos de otras costumbres que ya no tienen que ver con la religión y sus dioses. En este caso nos habla de las costumbres referidas a la dote y a sus mujeres. Creo interesante la parte referida a los derechos de los hombres sobre sus esposas. Nos narra César que el derecho de muerte es absoluto sobre ellas ya que ellos deciden si deben vivir o no. Además, en caso de alguna sospecha si muere el cabeza de familia, se procede a un interrogatorio y si se las considera culpables mueren de la forma más horrible. Otro punto interesante son los funerales galos, que según César son “a nivel de su civilización, magníficos y suntuosos” relatando que junto al muerto, se quemaba todo lo que podía gustarle en vida y eso incluía animales pero también personas. Por último nos habla de las ciudades pero sobre todo en referencia a no correr rumores venidos de otros lugares sino que si alguien se enteraba de algo, debía hacérselo llegar de inmediato al magistrado y no divulgarlo al resto.

Las ideas principales que se desprenden del texto creo que son contar a los futuros lectores cómo eran los galos y cuáles eran sus costumbres. El autor no nos da en este caso una imagen de barbarie extrema, como lo pudieron hacer otros autores en relación a otros pueblos, aunque sí hay que destacar las supuestas enormes figuras de mimbre en donde se quemaban personas vivas. En este caso no hay duda de que César nos quiere enseñar cuál es el grado de salvajismo de estos pueblos, haciendo este tipo de sacrificios tan bárbaros. El concepto de “los otros” en Roma no fue el mismo que el de Grecia, donde todo lo que no fuera griego era bárbaro. Esta afirmación rotunda no cabe entre los romanos ya que en muchas ocasiones y por el proceso de romanización, los otros se convertían en nosotros, es por ello que ese concepto griego no tuvo continuidad en Roma. Decía Cesar en su libro VI que los galos, a pesar de todo, se pueden romanizar y aprender de los romanos; por el contrario los germanos son mucho más salvajes y deben de permanecer fuera de ese proceso (La Guerra de las Galias). Cuando nos habla de los germanos, César destaca su valentía como signo de su debilidad y su falta de disciplina pues están acostumbrados desde su infancia a hacer lo que les venga en gana y dejarse llevar por sus pasiones ya que son impulsivos. Por el contrario, el soldado romano tiene una disciplina que es símbolo de hombre civilizado. Citando a Cecilia Ames “La representación imaginaria del bárbaro se hace a partir de lo que no son los romanos. Así, la guerra de las Galias puede leerse como un escrito de definición de identidad romana, donde disciplina y racionalidad militar resultan claves para construir la identidad romana”.

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Conclusión.
En este trabajo se ha podido estudiar un fragmento de la obra de Julio César la guerra de las Galias. Esta narración se redactó con el propósito de llegar a las gentes, al pueblo romano y parece tener una intencionalidad para dar dignidad, propaganda y fama a César. Sea lo que fuere la obra es una fuente importante para el estudio de este momento y los enfrentamientos que mantuvo su autor con los diversos pueblos galos de la zona. Además de ello, nos muestra algunas de sus costumbres y religión y cultura de estas tribus, destacando además la narración de todas sus acciones militares.

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Bibliografía.
Ames, C. La construcción del bárbaro en la obra de Julio César, 2004.
La Guerra de las Galias, Julio César. Editorial Gredos, 2010.
Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro Magno y César.
Rus, S. Julio César, el nombre de todo emperador, 2010.

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2 comentarios sobre “César y la Guerra de las Galias.

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