Cómo trabajaban los Historiadores en la Antigüedad.

Resumen

En el presente trabajo vamos a intentar resolver algunas cuestiones referentes
a cómo trabajaban los historiadores del mundo antiguo, cuáles eran sus
fuentes, a qué tipo de público se dirigían las obras que escribían y cuál era el
grado de veracidad del contenido de los manuscritos. También se elegirá un
pasaje de una obra antigua, en este caso se ha elegido a Heródoto, para
compararlo con el relato redactado por un autor moderno. Voy a utilizar el
pasaje donde narra la batalla de Salamina y la voy a comparar con el trabajo
moderno de Alberto Balil titulado “Heródoto y las grandes batallas”, donde
también se narra dicha batalla.

Heródoto. Imagen: biografiasyvidas.com

 

Introducción

Cuando estudiamos Historia estamos indagando en los asuntos del pasado de
la Humanidad. Aunque la investigación histórica se refiera a aquellos periodos
históricos donde hay constancia de fuentes escritas, no debemos desechar las
denominadas fuentes auxiliares, como la arqueología, ya que gracias a ellas
muchas veces se ha avanzado en los conocimientos del pasado. Podemos
decir que esta investigación sobre el mundo antiguo se puede iniciar en el siglo
V a.C de la mano de Heródoto de Halicarnaso, nuestro padre de la Historia, en
el sentido de indagación sobre los hechos del pasado. Esta Historia convertida
en Historiografía, se unió en la Grecia clásica a la Filosofía y esto lo heredará
Tucídides, en su empeño por escribir una historia de los sucesos de los
hombres en el pasado con una visión de conjunto. De hecho, Tucídides se
distancia de Heródoto en el sentido de incidir en su obra Historia de la Guerra
del Peloponeso como una obra con un carácter “no mítico”. Vamos a indagar,
por tanto, en estos historiadores, para ver cómo trabajaban en el mundo
antiguo.

Tucídides. Imagen: Wikipedia.org

 

Finalidad de las obras y público al que iban dirigidas.

Los griegos fueron el punto de referencia de la civilización occidental y sus
obras e ideas han influido en ella a lo largo de más de dos mil años de historia.
La literatura griega creó los personajes y estereotipos que se han ido repitiendo
en todas las épocas y en las grandes obras de la literatura occidental. Cada
género literario en la Antigüedad, podía estar dirigido a un determinado público,
según fuera la obra, así podemos decir que la poesía épica iba dirigida en su
origen, para evocar un pasado destacable y entretener a los huéspedes en las
reuniones reales y aristocráticas. La tragedia y la comedia eran producciones
ceremoniales muy formales y no llegaron a perder su conexión originaria con
festividades religiosas. La oratoria se definía por el amiente en que estaba, ya
fueran tribunales o asambleas. La poesía lírica presuponía muchas veces, alocuciones a los dioses, héroes, reyes o vencedores de juegos. En un
banquete se presupone una poesía lírica. Había competiciones entre varios
actores y un premio. Hesíodo introdujo entre los griegos con su obra Los
trabajos y los días un nuevo género poético, la poesía didáctica y con ella
podemos decir que existe una finalidad docente, de realizar una exposición de
conocimientos. De esta manera el poema didáctico surgió como una
necesidad cuando escribir y leer no era algo habitual y la enseñanza se
realizaba más bien de una manera oral. De igual manera los filósofos pensaron
que tenían que enseñar a la gente que ignoraban los temas sobre los que ellos
trabajaban. En cuanto a los geógrafos, salían para hablar con los ciudadanos,
ellos estaban ansiosos por saber dónde habían estado y qué habían visto. Por
otro lado los historiadores, nunca fueron clasificados como una profesión, ya
que no estaban vinculados a determinados rituales u otros, por tanto, se puede
decir que estaban marginados frente a otras profesiones, no estaban
reconocidos, frente a los que sí lo estaban como los enseñantes y los
entretenedores. En este sentido muchos historiadores griegos tuvieron que
marchar al exilio y fue allí, en otras tierras, donde escribieron sus obras. Hubo
historiadores locales y otros internacionales que habían viajado por otras
tierras. Mencionar que los locales, son de dudosa existencia ya que no hay
fuentes que los mencionen. El público del teatro griego del siglo V a.C era variado. Hay que pensar que el
teatro en el mundo antiguo era un espectáculo multitudinario y muy ligado a la
vida de todo el pueblo, hecho que le da un carácter totalmente distinto del
teatro en el mundo actual. La asistencia al teatro no era obligatoria, pero era “lo
normal”. Aunque no parece que fuera algo accesible para todos ya que el
precio para entrar era elevado, aún así el aforo solía llenarse bastante. Platón,
en su Simposio nos habla de “griegos” y no “atenienses”, esto puede darnos
una idea del público no exclusivamente ateniense. Dicho público acudía al
teatro con la esperanza de visualizar una obra nueva, se podría suponer que
ciertos textos pudieron reestrenarse en teatros de segunda categoría por tierras
del Ática, otras zonas de Grecia y en definitiva, por todo el mundo helénico.
Volviendo a los historiadores, sería interesante preguntarse cómo lograban
atraerse un público que les prestara atención y escuchara sus historias. A este
respecto, se sugiere que en el siglo V a.C se organizaran recitales públicos de
sus obras. De hecho, Heródoto lo solía hacer, criticado posteriormente por
Tucídides.

Platón. Imagen: Pinterest.com

 

En realidad el fin último de realizar una lectura pública de dichas obras, era
difundir a continuación la obra escrita. Sin embargo en el siglo IV d.C todavía
existía la costumbre de las lecturas públicas para promocionar la obra
manuscrita. Por lo tanto, podemos pensar que fue una práctica bastante
aceptada pues tuvo continuidad en el tiempo. Sobre el éxito o no de esta
costumbre, podemos citar lo que nos cuenta Luciano sobre el éxito arriesgado
que emprendió Heródoto con sus lecturas en Olimpia, tan complacido quedó el
público que otorgó a sus nueve libros los nombres de las Nueve Musas.
Volviendo al tipo de público, se sabe que había compradores de ciertos libros,
pero que los compraran no significa que los leyeran. En cuanto a la
disponibilidad de libros históricos, es claro que en aquella época no era tarea
fácil poder conseguir un libro, aunque si se realizaban varias copias sería más
asequible el acceso; por otra parte hubo algunas copias realmente pésimas.
Ciertamente para conseguir una copia fiable lo mejor era acudir a una
biblioteca, pues allí se conservaban las mejores. Para terminar este epígrafe
creo importante recordar que, entrando en Roma, con Augusto se castigaba a
los historiadores que no seguían su línea de proceder y/o pensamiento. Por
tanto, todo aquel que no deseara sufrir su ira debía escribir cosas que al
emperador le satisficiera. Igualmente ocurría con los historiadores que
presenciaron batallas, como por ejemplo Polibio, quien estuvo en Cartagena.
Lo normal era que hablaran muy bien de sus generales y los ensalzaran.

Polibio. Imagen: ecured.cu

 

La dificultad de separar realidad y ficción en los textos.

Cuando hablamos de una obra antigua de un determinado autor, sabemos que
dicha obra no es original y ha pasado por varias copias a lo largo de los siglos,
por autores distintos. El contenido de dicha obra, aún contando con una
fiabilidad máxima de los autores que hicieron las copias, puede haber variado,
pues ya sabemos que al trabajar con épocas tan antiguas siempre existe el
riesgo de la manipulación, tergiversación, alteración, incluso invención del
contenido. Pero, además de todo lo dicho, la misma obra de por sí,
perfectamente puede contener elementos que puedan dificultar la misión de
saber hasta qué punto son reales o ficticios.
Ciertamente, hay pasajes en obras que claramente son increíbles, tenemos
abundantes menciones los relatos de viajes, género literarios que tuvo muy
buena acogida en el mundo antiguo. Aquí se narraban las aventuras de los
intrépidos navegantes griegos, otro tanto ocurría con los periplos,
describiendo los lugares más significativos en relación con la geografía, es decir, cabos, promontorios, lugares más seguros donde poder refugiarse en
caso de una tormenta etc. Ciertamente, en estos Periplos, también se podrían
encontrar relatos referidos a los indígenas, costumbres, e incluso algunas
narraciones de dudosa veracidad. Siguiendo al mismo hilo, podemos
mencionar que en época helenística fue creado un género, denominado
Paradoxografía, en el cual se narraban historias de animales fantásticos,
exóticos y lugares increíbles. En realidad, todo el contenido de esas obras era
precisamente, lo que el público quería escuchar, esas narraciones fabulosas y
morbosas, eran las que captaban la atención de las gentes. Estos géneros
literarios que tanta aceptación tuvieron entre las gentes griegas, obviando la
paradoxografía, los relatos de viajes y los periplos, contenían relatos creíbles y
otros no tanto, siendo complicado diferenciar en algunas ocasiones, lo verídico
de lo falso. El mismo Heródoto en su Historia, nos ofrece datos de este tipo,
otro tanto nos ofrece Plinio el Viejo en Historia Natural, César en su Guerra de
las Galias…podemos citar algún pasaje fantasioso y exagerado como el de
Plinio hablando de África en su libro V de Historia Natural:

“Algunos han situado en medio del territorio deshabitado a los atlantes, y junto a él a los
egipanes, medio fieras, a los blemias, ganfasantes, sátiros e himantópodas. Los atlantes, si
creemos lo que cuentan, son una degeneración de las costumbres humanas. En efecto, entre
ellos no existe el empleo de nombres propios y contemplan reunidos, con terribles
imprecaciones, la salida y la puesta del sol, como algo pernicioso para ellos mismos y para sus
campos, y durante el sueño no tienen las mismas visiones que los demás mortales. Los
trogloditas excavan cuevas, éstas son sus casas; comen carne de serpiente y usan un silbido, no
la voz: hasta este punto carecen de la posibilidad de comunicarse con palabras. Los garamantes,
carentes de matrimonio, viven sin reglas fijas con las mujeres. Los águilas adoran sólo a los
espíritus infernales. Los ganfasantes, desnudos y desconocedores de la guerra, no tienen trato
con ningún extraño. Se dice que a los blemias les falta la cabeza, y tienen la boca y los ojos
puestos en el pecho. Los sátiros no tienen ninguna costumbre humana, aparte de su figura de
hombre. El aspecto de los egipanes es como se pinta generalmente; los himantópodas son una
especie de cojos cuya forma de andar es reptando. Los farusios, antes persas, se dice que
fueron los compañeros de Hércules cuando se dirigía a las Hespérides. Y respecto a África no se
me ocurren más cosas dignas de contar.”
Vemos que la imaginación es máxima, en este caso concreto no hace falta
tratar de investigar sobre si el pasaje es real o ficticio.

¿Hasta qué punto son creíbles los historiadores antiguos?

De los relatos que nos han contado en sus obras autores como Estrabón con
su Geografía, Pausanias con su Descripción de Grecia, Heródoto con su
Historia, o Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso, por citar
algunos ejemplos que considero relevantes y que, en un plano personal, me
gustan bastante, habría que plantearse seriamente la pregunta del epígrafe,
¿hasta qué punto son creíbles o fiables lo que cuentan estos historiadores
antiguos? Rhodes, en el inicio de su artículo “In defence of the greek historians”
señala que O.K Armayor apunta que Heródoto no pudo visitar todos los lugares que dice, visitó ni todos los objetos que vio. Lo que hay que hacer en cuanto a
los historiadores antiguos y los textos, es intentar averiguar en la medida de lo
posible, cómo trabajaban, cómo indagaban, qué recursos tenían a su
disposición, cuáles eran sus limitaciones, hasta qué punto debemos creer una
determinada historia y, además de todo ello, mirarnos a nosotros mismos como
historiadores y captar nuestras propias limitaciones.

Pausanias. Imagen: arcadia.ceid.upatras.gr

 


En cuanto a las fuentes utilizadas para obtener la información, son variadas.
Pueden ser de primera mano al haberlas visto como testigo presencial, pueden
ser de “oídas”, pueden ser fuentes que el autor haya escuchado y aporte su
propia opinión exponiéndola en el texto y también pueden ser invenciones para
darle un toque más sensacionalista o sobrenatural. Por otra parte están los
famosos tópicos, esas expresiones o ideas que se usan y se han usado y
repetido con mucha frecuencia en determinadas circunstancias; un pasaje
puede ser un topoi diciendo una información de manera convencional en una
situación particular, pero que sea un tópico no significa que ese pasaje sea
auténtico.

Estrabón. Imagen: nationalgeographic.com.es

 

Pero si hubo un hombre capaz de hacer creer a los griegos y no griegos sus
historias, que, además, han perdurado a través del tiempo, ese es Heródoto.
En él tenemos un hombre inteligente, pragmático, que vivió en una sociedad
donde los relatos se transmitían de forma oral y una sociedad que cree en lo
fantástico, lo sobrenatural, los dioses y la mitología forman parte de ellos y
Heródoto sabe transmitir todo ello a través de sus viajes, plasmado en sus
libros. Sin duda alguna, sus historias fueron un total éxito en todos los sentidos
y convenció a las gentes, sabía qué y cómo tenía que decir y escribir para ser
creíble y eso, creo que le otorga más mérito. Además del legendario calificativo
de Padre de la Historia, otros autores le han llamado Padre de la Antropología,
incluso de la Etnografía17. En cuanto a Tucídides, nos dice Rhodes en su
trabajo que aunque en sus discursos haya elementos de ficción, eso no
significa que haya que poner en duda la fiabilidad de su contenido.
En cualquier caso, creo que los objetivos perseguidos por estos y otros
autores eran dar a conocer otros lugares y personas con costumbres distintas a
las griegas, y al mismo tiempo, darse a conocer ellos mismos como
historiadores.

Comparación entre la narración de la batalla de Salamina por
Heródoto y el trabajo de Alberto Balil Illana.

A continuación, vamos a comparar el relato de Heródoto de la batalla de
Salamina con el de un autor moderno, en este caso el trabajo de Alberto Balil,
titulado “Heródoto y las grandes batallas de las Guerras Médicas”. Empezamos
por analizar el relato de Heródoto, es en el libro VIII capítulo 64 donde el
historiador comienza la narración. Nada más empezar nos habla de un seísmo
que se produjo al salir el sol acompañado de un maremoto, por lo que
rápidamente deciden elevar preces a los dioses18. Heródoto, no se centra en
cada detalle de esta batalla, hace varias alusiones en referencia a sucesos
sobrenaturales, “señales”, como la polvareda y que se levantó desde Eleusis y
el grito mistérico en señal del desastre persa, la misteriosa mujer que se les
apareció, etc. Balil, en este caso, sí se centra en los detalles, además, inicia su
trabajo hablando primeramente, sobre la problemática de la exacta localización
topográfica de los puntos citados en las fuentes y las diferencias que existen
entre la descripción de Heródoto y la de Esquilo. Con la narración de esta
batalla en una distancia temporal de varios siglos, vemos que cada historiador
tiene un modo distinto de encarar este suceso como fue la batalla de Salamina,
Heródoto menciona varias veces lo sobrenatural con los dioses por medio,
mientras que Balil no los cita, y hace hincapié en los detalles más estratégicos
y tácticos de la batalla.

Batalla de Salamina. Imagen: ocesaronada.net

 

A modo de conclusión.

Los modos de trabajar de un historiador moderno a uno antiguo son distintos
en el sentido de que actualmente, disponemos de redes como internet,
mediante las cuales tenemos acceso directo a miles de documentos,
biografías, leyendas y lo que queramos; no así en el pasado, cuando el
historiador tenía que escribir en base a sus propias visitas a lugares, batallas
etc. o lo que otros les habían contado. Sin embargo, aunque ahora
dispongamos de muchas tecnologías, hay que ser muy crítico y cuidadoso con
la documentación. El fin perseguido por el historiador, sea moderno o antiguo,
creo que es, o debería de ser, el mismo: documentar hechos ocurridos de la
manera más fielmente posible y darlos a conocer al público que desee leerlo.
Transmitir conocimientos, hazañas, guerras, para que no se pierdan y queden
en el olvido. Preservar el pasado.

Bibliografía

Balil Illana, A. 1961: “Heródoto y las grandes batallas de las Guerras Médicas”.
Revista Estudios Clásicos, 32, pp. 32-92.Brioso Sánchez, M. 2003: “El público del teatro griego antiguo” pp. 9-55.
Heródoto. “Los Nueve Libros de la Historia”. Madrid, Editorial Gredos.
Hernández de la Fuente. D. 2012: “La investigación histórica. Conceptos
generales. Historia, teoría y praxis histórica” en Métodos y Técnicas de
investigación histórica, Madrid, UNED.
Rhodes, P.J. 1994: “In defence of the Greek Historians”. Greece & Rome, 41, 2,
pp. 156-171.
Momigliano, A. 1978: “Los historiadores del mundo clásico y su público:
algunas indicaciones”. Annali della Scuola Normale Superiorie di Pisa, 8, 1, pp.
105-121.

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3 comentarios sobre “Cómo trabajaban los Historiadores en la Antigüedad.

  1. Gracias Olaya: un tema muy didáctico e ilustrativo a la vez: del conocimiento de la historia en la antigüedad, esto inquieta más, el tener más información de esta rama de las humanidades, una vez más: gracias por compartir y, recibe un cordial saludo.

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