La verdad sobre los Centauros, según Paléfato.

Paléfato fue un mitógrafo griego autor de una obra titulada “Historias increíbles”. En ella expone una serie de relatos mitológicos exponiendo, según él, las auténticas verdades sobre los mitos. Pero lo cierto es que sus historias son pocos fiables, presentando dudas serias. Aquí os dejo uno de sus escritos, “La verdad sobre los centauros”.

Acerca de los centauros dicen que eran animales que tenían aspecto completo de caballo salvo por la cabeza, que la tenían de varón. Y, por si alguno se cree que pueda existir un animal de estas características: es imposible. las naturalezas de caballo y varón, ni la alimentación es la misma, ni es posible que pase por la boca y la faringe de un hombre la alimentación de un caballo. Y, de haberse dado en tiempos tal ser, también ahora existiría. La verdad es la siguiente.

Cuando Ixión era rey de Tesalia, se hizo a la vida salvaje en el monte Pelio una manada de toros, los cuales hacían también intransitables los restantes montes, pues los toros bajaban a las zonas habitadas, asolaban los árboles y sus frutos y llegaban a matar a las bestias de labor. Así pues, Ixión proclamó que, si alguien acababa con los toros, le daría muchas riquezas. Unos jóvenes del somontano, de una aldea llamada Nube, tuvieron la idea de adiestrar caballos como montura (la gente de antes no sabía ir a caballo, sino que sólo empleaban carros). Así que montaban y guiaban a sus corceles hasta el lugar en que estaban los toros, caían sobre la manada y la acribillaban con sus armas. Y los jóvenes, cuando se veían perseguidos por los toros huían, pues los caballos eran más veloces; pero, cuando los toros se paraban, volvían grupas y los asaeteaban de nuevo. De esta manera los mataron y en razón de ello recibieron el nombre de centauros, porque habían acribillado a los toros (que no se les llama así por tener aspecto de toros, pues los centauros no tienen nada característico de los toros, sino que su aspecto es de caballo y de varón: por tanto, recibieron el nombre por su hazaña).

Y, tras recibir los centauros las riquezas prometidas de parte de Ixión, como se vanagloriaban de su gesta y su riqueza, se volvieron insoportables y cometieron muchas maldades, incluso contra el propio Ixión, quien habitaba la ciudad que ahora se llama Larisa (en aquel entonces, los moradores de ese territorio se llamaban lapitas). Al invitarlos una vez a un banquete, ya borrachos raptaron a las mujeres de aquéllos y, tras hacerlas montar en los caballos, emprendieron la huida hacia su tierra. Tomándola como base de operaciones, les hacían la guerra y, descendiendo durante la noche a la llanura, preparaban emboscadas y, cuando se hacía de día, después de saquear e incendiar volvían a la carrera a los montes. Al irse ellos así, los que los veían de lejos sólo distinguían por detrás la grupa del caballo, pero no su cabeza, y de los hombres el resto del cuerpo, pero no las piernas. Así pues, como veían una visión extraña, decían: «Los centauros, los de Nube, nos avasallan».

Esta imagen y este dicho hicieron que se formara el mito, indigno de crédito, según el cual en el monte fue engendrado, a partir de una nube, un ser que era a la vez caballo y varón.

Fuente: “Mitógrafos griegos”. Editorial Gredos.

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