Théodore Géricault.

Pintor y escultor, tuvo una vida breve puesto que murió con apenas 33 años, fue precursor de corrientes de progreso en la pintura francesa del s. XIX y abrió el camino al arte posterior de un Courbet. Artista apasionado y romántico, posibilitó la transición decisiva de un naturalismo clasicista a uno más consistente y algunos de los elementos de su pintura anuncian el impresionismo, por la valoración que realiza de lo espontáneo, como bocetos, dibujos…

Nació en Rouen en una familia acomodada, pronto se marchó a París donde asistió al taller de Guérin, un maestro que no siempre estuvo conforme con los progresos de un discípulo que mostraba excelentes cualidades. Fue un visitante incansable del Museo del Louvre, entonces Museo Napoleón, teniendo ocasión de aprender de las obras de Rubens o de los trofeos traídos de Italia y de otros países allí depositados, como las pinturas de Tiziano, Velázquez o Caravaggio. Sus muchos dibujos demuestran su interés por captar los efectos escenográficos y el gusto por reflejar el movimiento que utilizó en la pintura de animales, sobre todo caballos ya que fue un apasionado de la hípica.

En 1812presentó al Salón su “Oficial de cazadores a la carga”, recibiendo grandes elogios por la brillantes del colorido y la perfecta captación del arrojo militar con su brioso caballo.

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Oficial de cazadores a la carga. Imagen: Wikipedia.com

 

No sucedió lo mismo con la obra presentada en 1814 “Coracero herido”, donde desaparece en la composición el triunfalismo para hacer protagonista al héroe derrotado, algo que no agradó al poder cuando las cosas no iban bien para las tropas napoleónicas.

 

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Coracero herido.

 

Tras algunas dificultades con el poder y por el apoyo que mostró hacia Luis XIII, viajó a Italia pero nunca se le concedió el ansiado Premio de Roma. Allí copió las obras del Renacimiento y admiró las pinturas y esculturas de Miguel Ángel, así como las de otros artistas del Barroco. En Roma le fascinaron las carreras de caballos, de las que hizo numerosos apuntes como “Carrera libre de caballos” de 1817. Tras la estancia en Italia y guiado por la admiración hacia Miguel Ángel, abordó sobre 1818 un tema ya tratado: “Ninfa y Sátiro” que se convirtió en un bloque de piedra dura con aspecto de non infinito con el que experimentó la tridimensionalidad y la captación del momento sin un ensayo previo. El bloque de pequeñas dimensiones fue tallado directamente.

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Ninfa y Sátiro. Imagen: wahooart.com

 

A raíz de una noticia de prensa en 1816 del naufragio de la fragata Medusa frente a las costas de África, emprendió la tarea de crear un enorme cuadro para reflejar dicha tragedia. Este naufragio fue noticia durante mucho tiempo; la incapacidad de los tripulantes para gestionar el drama, el rescate de los náufragos que sobrevivieron a su suerte en el mar tras episodios de canibalismo, inflamó la mente de Gericáult que pretendió narrar un hecho contemporáneo siguiendo las pautas que hubieran sudo para un convencional cuadro de historia patria o de leyenda mítica. Para la composición realizó muchos bocetos, dibujó fragmentos y construyó pequeñas maquetas con figuras moldeadas en cera con los personajes.

Cuando presentó al Salón la obra en 1819 “La balsa de Medusa” también llamado “Escena de naufragio”, el público pudo ver el lienzo enorme con la interpretación del drama en el mar que impactaba al espectador. La composición en diagonal reproduce el momento en que uno de los supervivientes divisa a lo lejos y trata de llamar su atención. A sus pies quedan las figuras desfallecidas de sus compañeros que elevan los brazos y los restos de los que ya han fallecido. Las figuras tienen un carácter escultórico y están inspiradas en la obra de Miguel Ángel.

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La iluminación difusa parece remitir al amanecer y crea el clima ideal para la escenificación de la fatalidad pero también la esperanza. Las críticas no se hicieron esperar aunque tuvo elogios de los artistas más jóvenes. Ideó una exposición itinerante que le dio mucha fama y le llevó hasta Inglaterra. La pintura inglesa de paisajes y la obra de Constable despertaron su admiración y se reflejaron en obras como “El horno de arcilla”. Lo mismo ocurrió de nuevo con los caballos en su obra “Derbi de Epson” de 1821.

Lleno de honores y admirado por los pintores contemporáneos, regresó a Francia para hacer numerosos retratos de fuerte carga psicológica. Colaboraba con el Dr. Georget que realizaba estudios sobre la locura en un hospital psiquiátrico y pintó retratos de algunos pacientes como “El cletómano” o “La ludópata” ambos de 1822.

 

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El cleptómano. Imagen: arte.laguia2000.

 

 

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La ludópata. Imagen: Pinterest.com

 

Nota: Este post se ha realizado con apuntes propios para la asignatura Historia del Arte del siglo XIX.

 

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